Sus habitantes llevan la música y la alegría por excelencia. El tarijeño es desenfadado y algunas veces podría pasar de pasivo y muy tranquilo.
Pero también tiene la convicción de ser solidario y receptivo, sobre todo con los forasteros.
Es emprendedor y ama su cultura, es alegre y le gusta compartir con los demás. Lleva la picardia en la boca.