Tarija fue una de las últimas plazas liberadas por el ejército del norte argentino. La batalla fue protagonizada por el entonces joven Gregorio Aráoz de Lamadrid, apoyado por caudillos locales
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| Ilustración de la Batalla de la Tablada |
La Batalla de La Tablada fue estratégica porque cortó la salida realista desde las cumbres andinas hacia el Chaco y la llanura del Río de la Plata. Además, forma parte de la historia que vincula a este departamento con el proceso independentista argentino y, en particular, con uno de sus próceres: Manuel Belgrano.
Belgrano (1770–1820) fue abogado, economista, periodista, político, diplomático y militar. Inicialmente defensor del Virreinato del Río de la Plata frente a las invasiones inglesas, evolucionó hacia una firme postura independentista, aunque con una visión monárquica constitucional que le generó tensiones políticas.
En mayo de 1810 fue protagonista central de la Revolución de Mayo. Participó en el cabildo abierto del 22 de mayo, votó por la destitución del virrey y el 25 de mayo fue designado vocal de la Primera Junta, germen del primer gobierno patrio argentino.
Aunque no era militar de formación, asumió el mando de la expedición al Paraguay y luego del Ejército del Norte. Desde esa posición buscó consolidar la frontera norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata y proyectar influencia hacia el Alto Perú.
Entre sus propuestas más singulares destaca el llamado “Plan del Inca”, presentado el 6 de julio de 1816 ante el Congreso de Tucumán: una monarquía constitucional encabezada por un descendiente inca, con un sistema parlamentario. La iniciativa, ridiculizada por sus contemporáneos, respondía a un cálculo político: atraer el apoyo de las poblaciones andinas al proceso emancipador.
Junto a José de San Martín y Bernardo de Monteagudo, fue uno de los impulsores de la Declaración de Independencia de 1816.
Última misión en el norte
En agosto de 1816, Belgrano retomó el mando del Ejército del Norte. Sin condiciones para una nueva expedición al Alto Perú, encomendó una misión clave: en marzo de 1817 envió al teniente coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid hacia Tarija, donde participó en la Batalla de La Tablada y logró la liberación de la plaza.
Sin embargo, Lamadrid sobreestimó sus posibilidades y, con apenas 400 hombres, intentó tomar Chuquisaca por sorpresa. Fue derrotado y debió replegarse hacia Tucumán atravesando la sierra y la selva.
Belgrano permaneció en el norte sosteniendo la causa independentista y conteniendo conflictos internos en Salta y Tucumán. Cuando el gobierno ordenó su retorno —junto a San Martín— para controlar las tensiones internas, este último desobedeció, mientras que Belgrano, ya enfermo, redujo su actividad.
Llegó a Buenos Aires en medio de la llamada Anarquía del Año XX, gravemente afectado por hidropesía, enfermedad que le causó la muerte el 20 de junio de 1820.
Los caminos de la Independencia
La independencia sudamericana se consolidó años después gracias al avance coordinado desde el sur y el norte del continente.
La Expedición Libertadora del Sur, liderada por José de San Martín desde 1819, permitió asegurar la independencia de Chile tras las batallas de Chacabuco y Maipú, y posteriormente la del Perú en 1821.
En paralelo, Simón Bolívar encabezó la campaña del norte, logrando victorias decisivas como Boyacá y Carabobo, que consolidaron la independencia de Colombia y Venezuela, y posteriormente de Ecuador.
El proceso culminó en 1824 con la Batalla de Ayacucho, donde las fuerzas independentistas al mando de Antonio José de Sucre derrotaron definitivamente al poder realista en Sudamérica.
¿Y qué pasó después en Tarija?
Cuando Bolivia se constituyó como República el 6 de agosto de 1825, Tarija llevaba al menos 16 años ejerciendo una independencia de facto, según Miguel Molina, e incluso probablemente más. La cuestión tarijeña se remonta casi a su fundación y tuvo un punto clave en 1807, cuando en un cabildo abierto los tarijeños se alzaron contra la administración española, exigiendo separarse de la intendencia de Potosí, pero sin aceptar tampoco su incorporación a la de Salta del Tucumán. El germen independentista ya estaba presente.Referencia geográfica
Este proceso fue consecuencia de un prolongado abandono administrativo, salvo en lo militar. Molina sostiene que Tarija se gobernó a sí misma durante la lucha independentista y que no dependió ni del Alto Perú ni del Río de la Plata en términos políticos y económicos. Si bien hubo coordinación con columnas militares de ambas regiones en campañas específicas —como en Suipacha o Cotagaita—, remarca que la independencia no puede atribuirse a fuerzas externas, sino a la propia acción tarijeña.
En ese contexto, Tarija, Potosí y el norte argentino se convirtieron en el último escenario de resistencia realista, a la espera de refuerzos que nunca llegaron debido a la crisis europea. Mientras tanto, las Provincias Unidas del Río de la Plata ya habían consolidado su independencia en 1816. Tarija, sin embargo, se resistía a someterse a Salta —aunque hay discrepancias historiográficas—, tanto por el accionar de tropas enviadas desde allí como por la influencia de José María Pérez de Urdininea, quien impulsó la causa emancipadora.
A inicios de 1825, Urdininea, bajo órdenes de Juan Antonio Álvarez de Arenales, participó en una campaña al Alto Perú. Tras la muerte de Pedro Antonio Olañeta, se desligó de Arenales y avanzó hacia el norte, recibiendo la rendición del último jefe realista en la región, José María Valdez. Posteriormente se incorporó al entorno de Antonio José de Sucre, quien incluso le confió responsabilidades de mando.
En paralelo, Simón Bolívar anunció su llegada al Alto Perú para ordenar la situación, mientras Sucre convocaba a una Asamblea tras cruzar el Desaguadero, lo que generó tensiones con Buenos Aires. Sucre encargó al general irlandés Francisco Burdett O’Connor expandir el control territorial, quien llegó a Tarija y promovió su desvinculación de Argentina, consolidando su influencia en la región.
Ante este escenario, las Provincias Unidas decidieron otorgar autonomía a las provincias altoperuanas, pero no a Tarija, cuyo conflicto seguía ligado a Salta. Arenales intentó reafirmar su autoridad, aunque Tarija ya mostraba una clara voluntad autónoma. Surgió entonces un movimiento liderado por Bernardo Trigo y Eustaquio Méndez, respaldado por O’Connor, que en los hechos buscaba la incorporación al Alto Perú.
Pese a las instrucciones de Bolívar y Sucre de no intervenir, O’Connor desplazó en mayo de 1825 al gobernador Felipe Echazú y colocó a Trigo, quien impulsó la elección de representantes para la Asamblea altoperuana. Sin embargo, Tarija no fue convocada como entidad independiente y Bolivia se constituyó sin su participación.
Arenales intentó recuperar el control y, en octubre de 1825, una delegación argentina presentó sus reclamos ante Bolívar en Potosí, quien accedió a ellos tras deliberaciones, posiblemente sin considerar plenamente la voluntad tarijeña. En febrero de 1826, Tarija fue entregada al delegado argentino Ciriaco Díaz Vélez, pero el cabildo local solicitó su autonomía.
La situación derivó en nuevos conflictos: Arenales nombró gobernador a Mariano Gordaliza, mientras que la detención de Eustaquio Méndez, ordenada en coordinación con O’Connor, provocó una rebelión de montoneros. Estos depusieron a la autoridad impuesta, restituyeron a Trigo y declararon su adhesión a Bolivia el 26 de agosto de 1826.
Finalmente, en septiembre de ese año, los diputados tarijeños fueron admitidos en Chuquisaca, y el 3 de octubre Antonio José de Sucre promulgó la ley que oficializó su incorporación al Congreso Constituyente de Bolivia. La guerra entre las Provincias Unidas y Brasil facilitó este desenlace.
No obstante, persistieron tensiones. Representantes tarijeños participaron también en el Congreso argentino de 1826, que reconoció a Tarija como provincia, aunque esta decisión nunca se concretó en la práctica, al igual que la aspiración inicial de constituirse como entidad independiente en el nuevo orden sudamericano.
Los nombres clave de la Batalla de La Tablada
Eustaquio Méndez Conocido como el “Moto”, fue el principal líder independentista de Tarija. Participó activamente en la Batalla de La Tablada junto a las fuerzas enviadas por Belgrano y en múltiples acciones guerrilleras. Su rol organizador fue determinante para consolidar la resistencia y asegurar la victoria sobre los realistas.
Gregorio Aráoz de Lamadrid Nacido en Tucumán en 1795, era un joven militar audaz que se integró al ejército de Belgrano. Enviado a Tarija, lideró el ataque en La Tablada que doblegó a las fuerzas realistas. Posteriormente intentó avanzar sobre Chuquisaca, donde fue derrotado. Su trayectoria estuvo marcada por acciones arriesgadas y resultados dispares.
Francisco Pérez de Uriondo Militar y político de origen chileno, fue una figura clave en la guerra gaucha y en la articulación de los caudillos de Tarija. Llegó a ser gobernador por voto popular y jugó un papel relevante en la organización política del territorio, manteniéndolo dentro de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La capitulación realista; el inicio de la libertad
Después de la escaramuza en La Tablada, el comandante Gregorio Aráoz de La Madrid recuerda en sus memorias que regresó vencedor al campamento de San Roque, entre las atronadoras vivas de sus soldados y del pueblo que lo seguía; luego mandó poner en libertad a los prisioneros que estaban heridos, con especial encargo de ir a ver a su jefe y decirle que sólo con 35 húsares había derrotado a más de 140 de los suyos, que no les quedaba ya más remedio que rendirse o perecer dentro de sus trincheras, que iban en seguida a ser asaltadas. Luego el comandante La Madrid se trasladó con la artillería toda y los infantes al morro de San Juan, ordenando suspender el fuego para ver qué efecto producía en la plaza el informe de los prisioneros. Al notar correteos de oficiales en la plaza y que llamaban a junta de jefes, destacó al ayudante Manuel Cainzo, con una intimación para el Señor Teniente Coronel y Comandante de la Guarnición de Tarija D. Mateo Ramírez que decía:
“Nunca ha sido impropio de oficiales de honor el rendirse a discreción, cuando no tienen como sostenerse ni esperanza de auxilio como usted, pues ni Lubin, ni O’Relly, a quienes usted ha escrito para el efecto, pueden hacerlo porque no tienen una fuerza capaz de resistir a la mía. En esta virtud puede usted verificar su rendición, en la inteligencia que serán tratados, tanto usted como sus oficiales y tropa, con todo el aprecio y distinción propio de mi carácter y en caso contrario verificaré, dentro de cinco minutos, lo dicho en mi oficio de ayer. Ya lo supongo a usted impuesto de la suerte que ha corrido el comandante Malacabeza por los prisioneros que le he remitido, pero sin embargo le anoticio: que los muertos son 65, prisioneros 40, fusiles tomados 70. Todo lo que prueba su propia ruina y me hace creer que no se derrame más sangre. Dios guarde a usted muchos años. -Alto de San Juan, abril 15 de 1817”.
Después de pocos momentos regresó el teniente Cainzo, portador de la respuesta siguiente:
“Visto el oficio de usted, que acabo de recibir, en que se me hace la segunda intimación, anticipándome haberme negado los recursos pedidos a Lubin y O’Relly, por la toma, según se deja entrever, de los pliegos que remití a estos. Contesto a Ud. que este motivo no es bastante para desmayar yo ni mis oficiales para sostener hasta el último extremo las armas de S.M. en esta plaza, pues aún tengo fuerzas suficientes y bien dotadas de lo necesario, según lo verá Ud. Más la derrota que ha sufrido el escuadrón de caballería me hace entrar en capitulación consultando con la humanidad por parte de ambas divisiones, si la admite usted bajo los términos siguientes.
1°. –Que se nos reciba prisioneros a todos los de esta guarnición con los honores de la guerra, y uso de espadas para los oficiales, permitiéndonos bagajes hasta el depósito de prisioneros.
2°. –Que los paisanos a quienes hemos comprometido a tomar las armas sean bien tratados, permitiéndoseles la existencia al lado de sus familias.
3°. –Que entren en la Plaza solo las tropas de línea, que eviten todo desorden en el pueblo.
Bajo estas bases y persuadidos que Ud. como oficial de honor, que sabe observar lo propuesto, hemos venido en ello unánimes y conformes, de cuya aceptación espero el aviso.
–Tarija, abril 15 de 1817. –“.
Contestación a la propuesta anterior:
“En el oficio de usted que acabo de recibir he tenido a bien admitir la rendición de esa plaza, bajo los tres artículos propuestos, por una generosidad propia del carácter americano, en la inteligencia de que ahora mismo deberá salir con toda la guarnición a rendir las armas al campo de las Carreras, situado al este del pueblo, con sus respectivos jefes y oficiales.
–Dios guarde a usted muchos años. –Alto de San Juan, a 15 de abril de 1817. Gregorio Aráoz de La Madrid”.
En consecuencia, pocos momentos después se presentaron 300 hombres con sus jefes y oficiales a la cabeza y rindieron las armas ante la bandera argentina, en el campo llamado de «Las Carreras» de la Villa de Tarija, un coronel, tres tenientes coroneles, dieciséis oficiales y trescientos soldados del regimiento de los Granaderos del Cuzco. Siendo los trofeos de este espléndido triunfo, 400 fusiles, 140 armas de todas clases, 8 cajas de guerra, una bandera y muchísimos otros pertrechos militares.
por Omar Pereyra

















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